lunes, 17 de diciembre de 2012

Sin fin

No se puede salir del encierro que impone la carne.
Al final de la ruta, donde el humo arrecia, lo último que queda
es el alivio personal, la paz del individuo,
y un legado que promete mejorar con el tiempo.
 
Nuestra carne está hecha de fuego.
Por eso decimos que podemos respirar claro,
sin culpas,
ni deudas.

La crudeza pasa por la ventana del tren,
comprendo el dolor y más la incertidumbre.

La anomia habla por sí sola.

El viaje no tiene fin,
la crudeza se mete por los poros.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Agazapado


Si todo en lo que creemos se nos hace extraño,
nos rivaliza,
o se disuelve,
prometemos no enterrar nuestras cabezas
entre las raíces,
esquivos.

Ahí hay un camino,
y allá hay un camión,
no puedo decirte cada detalle con exactitud,
pero sé que hay unas montañas,
y también montañas pequeñas, de escombros,
y de rocas.
Sin principio ni fin,
esta historia me devora,
y yo la devoro, recto o zigzagueante,
con acciones siempre similares,
como sabiendo lo que siempre hay que hacer,
sin cansancio, sin transpiración,
en un laberinto de espejos cuyo camino ya me aprendí.

Luego, es un transcurrir de acciones,
ahora sí con cansancio, con dolor,
con sufrimiento,
arrastrado, con el torso desnudo,
y en la espalda rayadas las marcas del castigo del tiempo,
del tiempo del castigo.
Arrastrado voy por otros.
Sus caras aún no las conozco,
son las caras de los poderes,
da igual si visten trajes o uniformes verde oliva.
El sol no me deja ver,
alucino,
imagino así el lugar en el que viviría
si pudiese levantarme.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Seríamos


Los dos buscamos lo mismo pero no nos decimos cómo lograrlo.
Nos buscamos solo con un ojo, que no sea más,
ni hace falta.

No me acerco
ni me alejo.

Creo poder construir lo que pueda llamarse algo,
con lo que tengo y hay a mano.
No quiero subrayar los problemas antes de que existan.

Lo que está en juego es la verdad,
cualquiera,
o la nuestra.
Seguimos,
sigamos,
construyendo el verosímil,
el nuestro.

Lo que transmite,
lo que irradia son ganas.
El cuerpo se expone.
La emoción que engendra el encuentro

Lo bueno es que ahora puedo mirarme de cerca.
Por vos, voy adonde no me conviene.
Si supieras que
en esto que digo no se esconde
ni un poco de ambigüedad.

En estas líneas se juega el misterio.
Sabría, si viera tu cara al terminar de leer,
con el papel hecho un bollo entre el puño,
si conocés de nosotros dos lo suficiente,
si tu memoria y los mejores recuerdos te permiten
saber mi intención.
Porque, aunque vos no sabés, yo pienso que vosyyo
ya existió, en un pasado.
Y podemos volver a existir.

domingo, 14 de octubre de 2012

Mujer: así te veo desde este lugar


El olor a alcohol invade sus poros, pero ella huele café.
La suciedad toma el cuerpo de las ratas y de numerosas cucarachas diminutas que viajan por los azulejos,
pero ella siente que es solo desorden, tanto trabajo.

Ese fondo está podrido.

No sabe qué hacer con su tiempo,
y tararea canciones sin letra, insulsas,
sin sabor, sin color.

La verdad es un punto de vista.
La verdad, como punto de vista.
La verdad, vista, a veces, como un punto de vista, desde algún punto...

Tomás como verdad lo que te dicta el impulso.

Y tomás como buena la frase repleta de fuerza, la que aplasta a la ausencia,
la que tapa a las preguntas o las deja satisfechas.

La frase sobrevive erguida,
elegante.
Sobrevive y más,
se sostiene como de una rama y más,
se pasea con aire dulzón entre las pieles.

El poder de la frase nos preserva dignos,
mínimamente.
En la dignidad del minimalismo.

Sales de plata en los caminos de tus piernas.

Este es el siglo de las mujeres.
Ellas son las protagonistas.

domingo, 12 de agosto de 2012

Tu bosque


Tu cara de susto helada y clemente
se me apareció minutos después
de bajar del tren.
Tu cara -esa que digo- aparece
justo unos centímetros encima
de las solapas del guardapolvo blanco,
y enseguida te echás en unas sillas del aula,
agitado y petrificado.

Te inventaste tus propios salvadores,
un héroe y una heroína ignorados
por los males que te aquejan,
algo indefensos e impotentes los dos
por lo tanto.
Actúan con orgullo y sentido del deber,
a pesar de todo,
comprometidos con tu terror,
se mueven ágiles en el bosque que
vos también les construiste
y cuentan con un caballo,
algo maltrecho e inmóvil por completo
el pobre, como estatua de colección.

Asoman sin ser evidentes
tus enemigos, al servicio de tu miedo;
ambiguos y misteriosos,
invisibles o disfrazados
pero nunca desnudos,
avanzan transversalmente
de un árbol a otro,
y tus salvadores ni los ven,
tan preocupados por darte a entender
que te protegen de verdad.

Allí se toda gesta toda tu fragilidad,
en el lugar en el que ubicaste
a tus soldados para absorber los ataques
que te has inventado en contra.

domingo, 5 de agosto de 2012

Sin prisa


Languidez como de domingo.
Nada mejor que la nada que define a esta tarde muda.
Todo es en cámara lenta, como las nubes bajas y el sol omnipresente.

Los segundos caen, con una película de fondo y el peso de mi cuerpo,
embalsamado, cual escultura recortada sobre los pliegues del sillón mullido.

Sube de a gotas la temperatura, en esta, la tarde más larga del año.
Las palmeras, encorvadas, besan sus pies con sus hojas,
y se cuelan en mi habitat, haciéndome cosquillas,
mientras me concentro, frunzo el ceño y me tomo una eternidad para saber
si la bebida la quiero con o sin hielo.

Me desplazo flotando casi sin respirar hasta la cocina
en la que una nube quiere irrumpir amigable,
acariciando el marco de la ventana,
mientras yo aprovecho para beber el aire que se escabulle
por una franja celeste y brillante como el sol omnipresente.

domingo, 29 de julio de 2012

A vos, fantasma


Sos un fantasma.

Ay, fantasma, qué miedo tenés.

Qué miedo de vivir que tenés.

Te lo digo, te conozco,
pero mirá que se te nota,
ni hace falta conocerte

Un fantasma
es lo que sos

No das miedo a nadie
más que a vos mismo

Te mirás de refilón
por la sombra del espejo

Y tu sombra hace la suya,
ni te quiere seguir
por miedo a contagiarse
de tu miedo a las sombras
y a la vida

A veces ni pestañeás del miedo.
Otras, ni despertás.

Sos tan fantasma
que te creés valiente
por no temer a la muerte.
Cualquiera sabe que no temerle
es más fácil que olvidarse de ella
mientras se vive.

Sos menos persona
que fantasma,
lo percibo yo, que sé del tema,
y veo tu carne hundirse o hincharse,
amoratarse o perder cualquier color posible.

Sos tan fantasma
que te convenciste
de que no existías.
Y de que esperando a la muerte
te iba a venir a visitar.