lunes, 11 de julio de 2016

Fronteras cotidianas

Creo que quise hablar
y no salió mi voz.
Como si la voz,
en lugar de llegar hasta el borde de la boca,
se hubiera quedado hundida en lo hondo de la garganta,
sin asomar.
Pateé al aire.
Taconeé como un caballo perdido.

Una penuria,
barro,
surco,
música épica.

Te asustás,
y mientras eso pasa, estás bajo el agua.
Solo por miedo actuás

“No puedo escapar.
Estoy atrapado en mí mismo”.
No querés abrir los ojos.
Dos veces te bañás,
hay mucho por lavar.
Maldecir hasta lo indecible.
Se vive mal.

“Me sobreestiman cuando voy a entrar en acción,
me subestiman cuando les digo la verdad”.
Desprecio por la especie…

Un ladrido de autoridad.
Lo que da el carácter…
A veces me rindo,
A veces no.

Siempre estamos buscando algo afuera.
Lo que no podés ver
igual está en algún lugar.
El deseo es una frontera cotidiana.

Escindir mi mente de mi cuerpo,
entre el sueño y la vigilia.
Que no importe tanto saber qué día es
Que la vida no sea semana tras semana

Fascinaciones,
Pasiones
que habitan dos mundos distintos,
ajenos entre sí.
Refugios de comodidad,
instantes de lucidez.

Nos vamos a levantar todas las veces que nos caigamos.

jueves, 26 de mayo de 2016

En algún lugar, fuera del tiempo

Mis palabras perdí,
por vivenciar con el cuerpo.
Más tarde las recuperé,
pero ya no era el mismo.

Mi torso cobró vida,
me digo,
aunque sonriente sospecho que ya la tenía.
Di pasos de antílope,
marché erguido, mi pecho lució desafiante.
Miré con ojos de halcón.

Mis pupilas crecieron
al ritmo de mis ideas,
y por un segundo de ellas
vos dejarías de bailar.

Si te contara lo que vi,
en el fondo me creerías.

Hombres y mujeres ardientes.
Eso somos.
Voladores,
planeamos, caemos elegantes,
y volvemos a flotar.
No es que no pensemos:
simplemente no dudamos.
Nuestros cuerpos ya saben qué hacer.
Al caer, sentimos el suelo
más enérgico y confiable,
más satisfactorio e inevitable.

El cielo sopla su frío nocturno
y nos refresca.
Le sonreímos con gratitud.

Al abrazarnos
inauguramos una nueva unidad,
pero no la podemos nombrar,
porque no es necesario.

Nada nos obsesiona,
Nada opera de manera enfermiza en nuestros nervios.
Lo que ocurre, lo hace probablemente por algún buen motivo.
Y lo que no, simplemente no ocupa nuestra agenda.
Tal vez sea el tiempo el único empecinado en seguir corriendo.

Pensar, reír, hablar y bailar:
ya no son los capítulos de una narrativa lúdica,
sino solo las manifestaciones de un juego sin interrupciones,
sin estrategia, sin reglas, sin plan.

Cuando la noche termine,
si es que lo hace,
hay algo que querría decirte.
No tengo claro qué es,
aunque ahora tampoco importa.
Forjemos una unidad,
lo demás puede esperar.

lunes, 14 de marzo de 2016

Diagonales

Una imagen hipotética
-solo hipotética-,
que se repite una y otra vez,
tanto como el golpe de un martillo,
como una sentencia implacable…
tanto que parece cierta e irrefutable.
Lo que escapa a la comprensión.
Nuestro orgullo se hunde, se esconde.

La superficie,
y lo que hay abajo.
Arena.
A veces no hay nada más
que lo que aparece en la superficie.
(Cuando la idea es más atractiva que el objeto de esa idea).

En transición. En el camino eterno hacia algo.
Tu figura es una excentricidad.
Subrayar el problema cuando aún no existe…
cuando no podés hacer todo lo que querés,
asegurate al menos de hacer algo.
Nadie reniega de su identidad.

Se enredaron los impulsos,
la neurosis los expulsó
en la forma de una caótica manifestación
sonora y visual.
Las palabras están a disposición.

Abro los ojos,
veo la estepa.
Un batir de alas.
Cierro los ojos,
zumban moscas,
la huida de un antilope
me sacude del sopor.
Es la sabana en su crudeza.
El río se está llevando todo,
como en un viaje.
Combatir el destierro, convivir con él.

Nunca vemos a ciertas personas del todo,
solo se nos representan sus perfiles.
Cuando llega el momento de sacarse el antifaz…
algunos tiemblan,
otros ríen.
Tirando diagonales,
el camino puede ser excéntrico
y satisfactorio.
Todo lo novedoso se queda en este viaje.

sábado, 9 de enero de 2016

Espacio infinito

La libertad se presenta esta vez
como un campo abierto, inmenso,
más grande que nuestra expectativa,
que nuestra mirada,
nuestra memoria,
nuestra capacidad de reflexión.

Atravesar los marcos de un cuadro
y salir al exterior. A flote,
nadando por el aire.

Hundidos en la selva
o a salvo de ella, muy cerca.
¿Importa? ¿Da lo mismo estar acá que allá?
¿Importa si no hay alma?
Como fantasmas en el paisaje.
Ellos no ven nada que no esté frente a sus ojos

Vamos al jardín,
vamos al bosque.
Sin palabras que filtren el aire.

Son leones, neones,
Familias chinas dibujadas.
Afuera, flores.
Arquitectura, gran palacio.
Abren, cierran fauces, agitan melenas.
El cielo tiene sus labios.

En el fondo, en algún lugar,
siempre está la conciencia.
Ahora que el piso no se mueve tanto,
ahora que todo parece estar en orden,
ahora es tiempo de soñar.
Creer en la dinámica de la vida.
Puertas y ventanas no cierran del todo.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Frenesí

La aguja de un reloj irregular,
en un sueño irregular.
Sueños robóticos.
Euforia al despertar.

Cuando sabés que llegás pero no detenés tu marcha.
El principio y el fin.
Viento imparable que se reproduce ante mis ojos,
pasado o futuro.
Una gota de sangre marca tu cara.
Una línea es ahora.
La fragilidad del individuo,
el fin de los días.

Tu mayor activo aquí y ahora es ser un misterio.
Por eso sos quien sos.

Mantengo la ilusión de que aún sea temprano.
Caminar contra el tiempo hasta que se detenga.
Hombres y mujeres, audaces, corriendo en el desierto.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Múltiples estímulos

Se llega al fin de la tierra,
donde todo se sintetiza,
y enseguida todo vuelve a comenzar,
con grandilocuencia,
en forma magnánima,
sin descanso ni respiro.
Torbellino.
Cuando la ciudad deje de ser ciudad...

No busques una respuesta para todo.
Es lo sabio,
y lo que se dice cuando la fatiga se posa
en la frente, en el marco de los ojos,
en los antebrazos.
Y el sol se desploma con vértigo sobre la tierra.
Fatiga neuronal.

No caer en sentencias obvias.
Ante la duda, recostarse sobre la seguridad y el magnetismo de otros.

Es el descanso del guerrero,
la fiebre del ocaso.
A uno mismo: “algo que te limpie el cerebro...”, solo eso.

Las cosas que pasan cuando uno se va a dormir...

La luz se ausenta.
O se presenta como mito, o rumor.
El reloj sin arena...

La electricidad. Las palabras...
las palabras, por encima de todo.

El reposo en recreo sensorial.
Parado en la frontera,
igual que los sentidos.
Sinestesia.

En la eternidad de un limbo,
ni dulce ni amargo,
solo aéreo y etéreo.

Ese sonido hipnótico
que no se parece a nada.
Lucecitas de colores, alternadas,
como en una feria.
Telepatía, fumando pipa.

Los ojos sobre los ojos de una foto.

Una aguja perfora el fondo del mar.

Ellas son
un oceáno
y un río.
Un río informante...

Una montaña cortada por una nube.
Una montaña en un castillo.

En un valle,
en las rocas de un valle.
Y en la orilla.

Sentí el olor a mar,
cómo arde el pavimento abajo,
cómo vuela la tierra ahí,
cómo se desploman las estrellas en caída libre,
cómo se desinflan las nubes delgadas a lo lejos.

lunes, 13 de julio de 2015

Navegantes

La intangibilidad,
su inmensidad.
Lo vasto, el desierto,
las coordenadas que no están,
la ausencia de pistas.
Los campos con su viento.
Voces que se sienten pero no se escuchan,
no se interpretan.
Ecos, gritos, incomprensión.
Lo único que pasó fue el tiempo.

El café negro va llenando la taza. La barba afeitada ha dejado su rastro en el lavatorio.
Otra vez me olvidé de ese poema”, se dice, sabe que olvida ciertas cosas pero siempre recuerda futilidades como la barba que quedó en el borde del lavatorio. Olvidó algún verso interesante que se formó en su mente, o alguno que leyó y le gustó.

La intrascendencia.
Navegarla,
padecerla.

Panorama sombrío.
Son aves o perros
lo que escucha.
Llega un sonido lejano,
como una lluvia que ataca y amaina
de un momento a otro,
con el agua contra el piso de piedra del patio
y más allá también.

El silencio y la música.
El silencio existe porque existe la música
Podemos disfrutar del silencio porque sabemos que algo vendrá después.

¿Qué ve que no sea rojo?
Después, luz que encandila,
y luego, penumbra.
De frente, perro o pantera.

Vació dos cantimploras de agua y las llenó con ron y vodka, respectivamente.
Miró una vez más fuera de la frontera que separa agua y tierra y vio una interminable columna de palmeras arquearse por el viento.
Se acomodó como pudo, pensando en la mejor postura para dormir. El sueño es un gran ordenador.


Y pensó, tratando de consolarse, de buscar algo de alivio, que aunque aún faltara, que aunque a veces pareciera demorarse mucho el paso del tiempo, el correr de las agujas y los días y de las noches era inevitable, y que cada momento en que pensaba, se encontraba un poco más cerca de casa.